Blanco: Fui testigo de una operación en la segunda ola. ¿Se puede?

Domingo 11 de Abril, 05: 21 de la Mañana.  La familia Gonzalez, Marido, Esposa y 6 pibes arriba de una Chevrolet Lumina modelo 1995 tocan timbre en una casona de Coghlan para cerrar un alquiler. Fui testigo.

Acompañé a una vieja amiga inmobiliaria. Inmobiliaria de larga data digamos: 89 pirulos, bisabuela, ambiciosa y en un pasado tapa de la revista Radiolandia.

Aparte fue mi Profesora de Lengua y Literatura en la secundaria y como castigo por usar tantas “malas palabras” en el último artículo de este pasquín amarillista me levantó de una oreja (como nos hacían a los chicos en esa época también) y me subió a su coche violando el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional que prohibe todo tipo de reuniones, ni hablar que Mónica M. mi Profesora es población de riesgo.

Es curioso, ella no se da la vacuna porque para ella la peste es todo un invento creado por los laboratorios. Es una “Anti-vacuna”.
Curiosa mujer.

Primera Lección del mundo inmobiliario: Si aparece una operación un sábado a las 5 de la matina se la atiende, sobre todo si es en dólares. Por un monoambiente en Flores, la pienso.

Cuestión que medio groggy, salgo de la cama y me encuentro a esta impetuosa señora gritando que ¡hay guita! abajo de la lluvia tocando timbre y yo durmiendo.

¡Un escándalo!

Hasta los borrachos adolescentes que estaban violando el decreto y la policía se indignaban de los gritos de codicia de esta mujer, pero todos seguían viaje, cada uno por sus propias razones.

Me calcé el primer traje que encontré y me subí a su muy inseguro Renault 12 a GNC.

Una hora después, soñoliento y trasca comerme una viava por las groserías y que tengo que volver a leer el Cantar del Mío Cid y que tengo me “mesurar mi lenguaje”, empezamos a hablar de inmuebles ya casi llegando a Coghlan.

Mónica M. se había puesto un local, su primer local con su matrícula y cartel en Diciembre 2019: Menos suerte que mi viejo amigo ¡”El Mufa”! En marzo tuvo que bajar la persiana. El marido, un hombre grande también me llama cada tanto para descargar. Abogado el tipo, tuvo que pasar al home office ya que viven del otro lado de la General Paz, a esta altura no se fuman ni un poco.

Al final, llegamos a la propiedad, hermoso inmueble antiguo, como se hacían antes. Bien. Todo prolijito, paredes pintadas, los baños en condiciones, lindo jardín, etc.

Llegaron los Pérez García y dejaron a los pibes en el auto, sin ningún resquemor a que se los lleve el hombre de la bolsa y mi Profe se puso en “modo inmobiliario” y empezó a darle a la sin hueso bajo la lluvia torrencial de aquella noche.

¡Esta si que la tiene atada! pensaba mientras se movían por escaleras, hablaba de la Ley de Alquileres, de como se indexaba la mar en coche del pago del decreto de la inscripción del inmueble y del dueño. Todas cosas que por más que lleve 10 años trabajando con inmobiliarios me niego a aprender.

Cuarenta minutos reloj, escupitajo en la mano de cada uno, cerraron el pacto y pusieron el gancho en un pelpa, hubo un intercambio de billetes (imagino en carácter de seña) y el matrimonio volvió a la camioneta. La mujer contó cabezas a ver si le faltaba algún pibe y se volvieron a su punto de orígen.

Ya apagando la luces de la casona le pregunto a mi profe: Profesora, veo que fue bien ¿Algún comentario?.

“Y… familia grande en departamento, en pandemia, quieren un poco de tierra para que jueguen los chicos, están como estaba usted en clase Blanco, idos, como zombies.”

Entoces usted dice que sí, sí se puede alquilar en pandemia.

“Si Blanco, somos personal escencial. Sino en lugar de firmar el contrato de alquiler estos firman los papeles de divorcio.”

Bueno profe, está amaneciendo, todavía llueve y usted me dijo a los gritos que había guita, me despertó así de la nada, entonces en lenguaje vernáculo inmobiliario le pregunto: ¿y mi comisión?

“Blanco, Blanco, ahora pasamos por un Auto-Mac y le compro un café con leche, con eso se me da por satisfecho.”

Me iba a quejar, pero recordé que a un inmobiliario le pueden sacar: Un riñon, la matrícula, el coche, lo pueden poner 10 años en el penal de Batán. Pero con los honorarios no se jode.

Preferí prender la radio AM, como buen copiloto y reflexionar en la moral de esta historia que jamás existió. In Memoriam de la verdadera Mónica M. mi profesora de Literatura,  con la que muchos años atrás charlabamos de Dostoievsky y partió con el Señor el 16 de Febrero de este año.

En la radio estaban pasando un tangazo.

¡NO ME AFLOJEN MUCHACHOS! Que hay que seguir haciendo operaciones, se me vacunan, se me aislan, se me cuidan y ¡Home Office!

La Dirección

direccion@indiceprop.com

 

 

 

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