Blanco Volvió… y se encontró con ¡Sasso de TRU/CHEX!

En un encuentro inesperado en el barrio Cafferata, Emilio Blanco –el juglar de la prensa inmobiliaria–, se encuentra con una oscura celebrity del rubro.
Estaba caminando por el barrio Cafferata, Calle Igualdad, altura 1100, escuchando la radio AM con uno de esos audífonos de una sola oreja.

Recordaba al pasar que la “Comisión Nacional de Casas Baratas” así tal cual, propuso en 1921 la creación de dicho barrio… En homenaje al diputado Juan Cafferata. Hacía también, remembranzas de letras de tangos alusivos a la zona. Me imaginaba las muchachas con los vestidos floreados de percal caminando del brazo de algún italianito pobre que estrenaba traje prestado pa’ la ocasión.

De pronto en el paisaje otoñal de las casitas de tejas, veo una remera anaranjada furiosa. Una de esas que usan los que hacen gimnasia para que no los atropellen.

En la crónica burrera recordaban las hazañas de Forty Mirage.

La remera anaranjada cada vez más cerca, en un trote cancino pero constante, se me aproximaba.

Yo soy medio cortina de vista, no uso anteojos porque soy coqueto, pero se ve que a este los binoculares le funcionaban bárbaro porque me junó al toque, a tres pasos de mi gritó en un un tono de voz digno de la audiencia de Justin Bieber:

– ¡Emilio Blanco! –

– Mierda, – pensé. – ¿Quién cadorna es este muñeco? –

Raudo me aferré a la radio AM, mi único objeto de valor. En esta ciudad uno ya no sabe si te afanan, te apuñalan y te dejan ahí por unas monedas, en este caso una radio AM.

– ¿Qué, no me reconocés? – dijo el anaranjado sorprendido de mi ignoracia de su estatus de celebrity.

– No ni idea flaco, ¿Quién sos, el hijo de Porcel? – le dije a punto de sacar el facón.

– ¡Soy yo Seba Sasso! – dijo el alegre trotador.

– No papi perdoname, todavía no me cierra – le respondí tratando de hacer memoria, pero no asociaba la cara con ninguna inmobiliaria.

– ¡El dueño de TRU/CHEX! – dijo orgulloso.

– Ah… sos vos – dije, aflojando la mano del tramontina oxidado y sacandome el auricular a riesgo de perderme la 2da carrera de la tarde.

– Bue por fin te conozco Sasso, te hacías la diva, me mandabas a charlar con tus chicas de mercadotécnia y ahora nos cruzamos por accidente. Vení patea unas cuadras conmigo que buscamos un banquito y nos sentamos a charlar – le dije como viejo hábito de escritor al que le gusta tener diálogo, aparte si me siento a tomar un café con el Mufa, bien me puedo sentar en un banco de plaza con un clon del hijo de Porcel con guita.

– No puedo mi reloj me dice que no cumplí todavía con las calorías que tengo que bajar hoy, pero vos caminá que yo sigo trotando – contestó haciendo ejercicios de respiración y moviendo los brazos.

– Bueno pibe vamos – dije y allí fuimos.

No dijimos nada con Sasso hasta que alcanzamos un banco de plaza que tenía un grafitti que decía Oporto al Gobierno, Mufa al Poder.

Yo me senté, pero Sasso empezó a elongar.

– Che vos y yo siempre en otra frecuencia – le dije mientras me prendía un 4370 con un fósforo.

– Fumar hace mal Blanco, vos tenés que hacer purificación interna, después la dieta de la luna y cuando estés limpio por dentro abandonar el vicio – me dijo mientras estiraba los dorsales.

– Vengo de la India Sasso, se mueren de hambre y andan en patas – le contesté ignorando sus consejos de salud.

– Blanco vos y yo tenemos una mala relación – dijo en un golpe de honestidad, producto quizás de la actividad aeróbica y el alto nivel de testosterona en sangre.

– Es cierto Sasso, pero yo tengo mis razones. Primero te haces la diva, segundo lo bancás al Mufa y tercero cuando te llamo me atienden unas pibas vuelteras. Yo tengo pocas vueltas y pocas pulgas – le dije fastidiado.

– Pero vos tenés que entender Blanco, yo no soy inmobiliario, yo soy un comerciante, hoy soy dueño de esto como mañana puedo ser accionista de Loma Negra, de Gath & Chavez, o de cualquier otra empresa – dijo flexionando la cintura de lado a lado.

– Pero mijo, este es un mundo de inmobiliarios y yo soy el cronista de los inmobiliarios, ¿qué querés que te tire flores? Vos tenés el título de inmobiliario expedido por la Universidad de Giselle Rimolo – le respondí tirando la colilla del pucho a la vereda.

– ¡Ay que mala onda Blanco! – dijo haciendo unos abdominales.

– No mala onda no, directo. Te lo pongo en claro ahora que estamos frente a frente, ahora me agarraste sin la cámara, pero invitame a tu oficina, ofreceme un buen café no envenado, ponemos la cámara y le hablás al mundo inmobiliario, manifestas tu opinión y todos felices y contentos – le dije mientras disimulaba ponerme el auricular para escuchar la tercera carrera.

– ¡No sé Blanco! A mi me dijeron que ustedes en INDICEPROP están en la política – dijo haciendo unos dorsales de pecho.

– ¿Quién te dijo? – pregunté.

– Y, yo mandé a mis chicas a llamar a Don Héctor y el nos dijo que ustedes estan comprados por facciones políticas – contestó.

– Y vos lo bancás a Don Héctor, sino no tendrías negocios acá o estarías regulado hasta la garganta como cualquier otro inmobiliario que tiene que cumplir todos los requisitos que tus empleados no cumplen, aparte, te están pegando la Mufa, tené cuidado Sasso, de la Mufa no se sale – le dije mientras “Galopando Fuerte, mi fija, llegaba último.”

– ¡Bueno si, yo lo banco a Don Héctor! – contestó arrebatado.

– Y yo no. Ni a el ni a su séquito leguleyo. Pero quedate tranquilo que a fin de año caen, tienen competencia y digna, para elegir hay. Salvo que hagan el fraude que hacen siempre y vos les pagues la combi para que vayan a votar, los tiempos esos ya se terminaron Sasso, cuando caiga el Mufa, vos seguís, te conviene amigarte con el rubro – le dije mientras me prendía otro pucho.

– ¡Ay no se puede hablar con vos, me voy por que me bajan las pulsaciones! – dijo indignado y siguió el trote rumbo a quién sabe dónde.

Me quedé ahí sentado mirando las casitas de tejas, me dejaron plantado los burros y ahora me deja plantado el papanata este.

– Y bue… – suspiré.

Antes de romper la boleta de agencia en ocho mil pedazos y descorazonado por la falta de sentido común y hombría que había presenciado me surgió un pensamiento.

Los muchachos de antes, no usaban gomina.

Me levanté del banquito y me volví para mis pagos, pensando que en el pasado los hombres de negocios eran hombres y no lo que son ahora.

Capaz la pegue en la siguiente carrera, en cualquier caso le dedico un tango a mi no-amigo Seba Sasso.


Gracias a Chavela Chismes por su colaboración gráfica.

Esta sátira es parte del universo ficticio de Emilio Blanco y no refleja la realidad, en esta dimensión terrenal.

 

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